Mercados de animales y pandemias globales; la mutación sin fin

Heces, sangre y restos de vísceras mezclados con el agua del hielo derretido cubren el suelo del mercado húmedo de animales de Wuhan. Un lugar insalubre y pestilente que Igualdad Animal visitó en 2013 para documentar y denunciar la angustia que sufren los animales allí. Cocodrilos, ciervos, erizos o nutrias confinados en jaulas, tortugas y peces en cubetas, pasan horas, días e incluso semanas, esperando a ser matados frente a quien ha decidido comprarlos.

Temblorosos gatos y perros, piden clemencia entre excrementos y cadáveres.

Un ambiente infecto en el que probablemente se originó la mutación que permitió al COVID-19 pasar de animal a animal hasta alcanzar la capacidad de  atacar a los seres humanos. Los científicos llevan alertando mucho tiempo de que mantener a animales tan diferentes en estas condiciones junto a seres humanos fomenta dichas mutaciones. De hecho, no es la primera vez que sucede.

Ante la gravedad de la situación, China ha impuesto la prohibición temporal del comercio y consumo de animales salvajes. Una medida que ya adoptó en 2003 tras el brote de SARS (síndrome respiratorio agudo) que también se originó en uno de estos mercados húmedos, pero que fue derogada tan solo seis meses más tarde. 

Animales, insalubridad y mutaciones

Desde que comenzó el brote actual de Coronavirus, las autoridades chinas han cerrado 20.000 granjas de cría de pavos reales, jinetas, puercoespines, avestruces y gansos salvajes. Actualmente el Parlamento Chino está analizando un Proyecto de Ley que ilegalizaría el comercio de especies protegidas. Aunque lo realmente necesario para que no vuelvan a producirse mutaciones de este tipo es la prohibición definitiva del caldo de cultivo que suponen los mercados húmedos.

Tres cuartas partes de las enfermedades emergentes se originan por mutaciones animales

Existe un interés común que va más allá del sufrimiento atroz que padecen millones de animales, y es el de contener pandemias globales cada vez más frecuentes que ponen en riesgo a la población humana mundial. Estos pestilentes y crueles mercados húmedos no solo están en China, sino en muchas zonas tropicales y subtropicales; todos deberían prohibirse.   

El 75% de las enfermedades infecciosas nuevas o emergentes en humanos provienen de mutaciones animales según los datos del Centro para el Control y Prevención de enfermedades. Los casos más recientes y más mortales de los últimos años han sido el MERS o Síndrome Respiratorio de Oriente Medio, detectado en 2012 cuyo reservorio del virus fueron los camellos o la gripe A que se originó en las granjas de cerdos en 2009. El ébola también proviene de mutaciones similares, los huéspedes naturales del virus son los murciélagos y este se introduce en la población humana por el contacto con órganos o sangre de chimpancés, gorilas o monos, antílopes y puercoespines infectados.  

Obligados a reconsiderar el afán depredador de los animales humanos sobre el resto 

Pero la relación entre los mercados de animales silvestres y las mutaciones de virus no es algo desconocido. Ya en 2007 estudios científicos apuntaban a que la presencia de reservorios de coronavirus en murciélagos de herradura unido a la cultura de comer animales exóticos eran juntos una bomba de relojería. Una bomba que ha vuelto a estallar y lo volverá hacer hasta que no actuemos

Es triste que una y otra vez sean las tragedias las que nos empujen al cambio. Que sean las desgracias quienes nos fuercen a empatizar y a reconsiderar el afán depredador de los animales humanos sobre el resto.