La recompensa personal de hacer que la carne forme parte de tu pasado

A menudo hablamos de los beneficios que tiene sustituir la carne en nuestra alimentación. Solemos enumerar algunos:  para los animales, para el planeta o para nuestra salud. Todas ellas son razones de peso, sin duda, pero… ¡sorpresa, aún hay más!

Hacer que la carne forme parte de nuestro pasado y adoptar hábitos alimenticios alternativos es también un bálsamo para la imagen que tenemos de nosotros mismos.

Como personas a las que les importan los animales la industria cárnica nos genera una gran contradicción. Esta cruel industria, responsable del peor maltrato animal conocido (como vemos una y otra vez en las investigaciones) va en contra de nuestros valores. Sin embargo, para la mayoría, la carne forma parte de nuestras vidas desde que nacemos.

La carne nos rodea en nuestra cultura, tradiciones y educación. Está omnipresente en nuestro día a día. Continuamente recibimos mensajes afirmando no solo quees buena y no hay nada malo en ella, sino que es imprescindible para nuestra salud. Los multimillonarios departamentos de marketing de las empresas cárnicas hacen bien su trabajo.

Siempre hemos vivido en la cultura de la carne: en el colegio, en la universidad, en nuestras familias, en nuestros grupos de amigos. Un día tras otro el mensaje repite: come carne.

Las figuras de autoridad que desde niños y niñas están en nuestras vidas nos empujan a comerla. Profesores, doctores, gobiernos y, a nivel doméstico, madres y padres nos lanzan el mensaje una y otra vez hasta que queda incrustado en nuestra identidad.

Aunque… ¿no tenemos ejemplos en la historia moderna de otros mensajes repetidos hasta la saciedad y que estaban profundamente equivocados?

Como muestran millones de personas alrededor del mundo, la carne no es necesaria en nuestra alimentación. Ni a nivel nutricional, ni a nivel social ni, por supuesto, a nivel educativo o ético. Las alimentaciones vegetarianas avanzan sin parar en las sociedades occidentales. Hasta los gobiernos empiezan a promocionar alimentaciones basadas en vegetales y alternativas a la carne.

En definitiva, se trata de hacer algo que va en sintonía con nuestro rechazo al maltrato animal: alinear nuestros hábitos alimenticios con nuestros valores hacia los animales. Y, cada vez está más claro: la carne supone el peor maltrato animal.

¿No es algo como para sentirnos bien con nosotros mismos?