Experimentan en animales las radiaciones de los móviles

, Vigo

Un pequeño grupo de expertos en Medicina y Física ya había ideado una manera de comprobarlo. De momento, en animales. Desde hace nueve años y de forma experimental, estudian en un laboratorio en Santiago los efectos de la radiación del móvil. Han creado su propia cámara de radiación y trabajan concienzudamente. Los resultados ya han dado forma a artículos publicados en revistas científicas: Se vieron alteraciones en células neuronales.

Gracias a una investigación auspiciada por la Xunta y también al entusiasmo científico, llegaron a idear y fabricar incluso una cámara de radiación que emite en la misma frecuencia de la tecnología móvil. Este recipiente de acero inoxidable conectado a varias antenas les permitió descubrir cómo se comportaban las ratas luego de estar sometidas a niveles de radiación equivalentes a hablar dos horas por móvil. Los resultados no se hicieron esperar: La corteza cerebral del animal se resintió.
 
Cientos de ratas, que soportaron varias horas de radiación idéntica a la que emiten los teléfonos móviles sirvieron para los resultados experimentales: La radiación del móvil provoca cambios cerebrales.
 
No más de seis grupos en España tienen investigaciones en este sentido y son pocos los que se encargan de analizar los efectos a nivel biológico. Ahí es donde se sitúa la investigadora y profesora en la facultad de Medicina, Elena López Martín. Junto al catedrático de Electromagnestismo Francisco Ares Pena y un equipo de expertos, lidera los ensayos en ratas. Sin querer provocar alarmismo, éstas registraron una proliferación de células gliales a nivel de corteza cerebral, advierte. "Existe una proliferación glial en la parte más superficial del cerebro, dice enseñando muestras de la corteza cerebral de las ratas". "Se han hallado modificaciones morfológicas en el cerebro de los animales y también en el comportamiento. También encontramos modificaciones en el electroencefalograma", añade. "Trabajamos a 900 megahercios y modulación GSM, la misma frecuencia y modulación que los teléfonos móviles", explica.
 
Otro de los estudios, específico sobre epilepsia, concluye que "en un modelo experimental (subconvulsivo en ratas) el efecto de la radiación aumenta la tendencia a la convulsión", explica. Los trabajos publicados se centran en el cerebro y modelos neurológicos, pero ahora están trabajando en otros tejidos como tiroides y órganos genitales.

Los experimentos de tipo biomédico no suelen ser igualmente cuestionados dados los beneficios que pueden reportar para los animales humanos. Sin embargo, toda forma de experimentación con animales (no-voluntarios) se basa en un presupuesto injusto: la no consideración igualitaria de los intereses de los animales no-humanos implicados.

En la mayor parte de las ocasiones, solamente los científicos son capaces de encontrar y aplicar métodos alternativos a la experimentación animal. En la mayor parte de las ocasiones, no existe ninguna voluntad de encontrar tales métodos o eludir experimentar con animales. En este caso, parecería evidente proponer una sencilla alternativa a la experimentación animal: con cientos de millones de usuarios de telefonía móvil en el mundo (todos los rangos de uso y exposición, viariabilidades de edad, sexo, sensibilidad, etc.) sería factible realizar estudios sobre voluntarios humanos (como ya se vienen realizando), mediante chequeos periódicos de su salud sin perjuicio para dichos voluntarios. Este tipo de estudios no comportaría ningún problema moral, puesto que los voluntarios ya se exponen por si mismos a diario a las radiaciones de sus propios móviles y dicho estudio no iría contra la voluntad, libertad, vida o fuese causa de sufrimiento de estos humanos.

Más información en www.stopviviseccion.org.


Fuentes:


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