Abrigos de piel de animales a la venta en bases militares de la OTAN

Las bases militares de EE.UU. y la OTAN en Afganistán se han convertido en paraísos de la venta de pieles, tanto de animales cuya matanza es legal como de animales supuestamente “protegidos”. Así, los tenderetes ofrecen animales disecados, pieles de leopardo de las nieves, abrigos de lince, calaveras de carnero con cornamenta, piezas de marfil e incluso carne de diferentes mamíferos y aves, que, según una encuesta, es el producto más demandado por los soldados junto con las pieles.

Así lo revela un estudio realizado en cuatro bases militares del país y publicado en Biodiversity and Conservation, que también ha realizado una encuesta entre 371 militares estadounidenses que habían servido en el extranjero, la mayor parte en Afganistán e Iraq. El 40% de los encuestados reconoció haber comprado algún artículo de este tipo o haber visto a compañeros hacerlo.

Un soldado explicó a los investigadores cómo consigue violar los controles aduaneros. «Consiguen confiscar algunos [artículos] pero yo lo escondí muy bien», señaló al equipo un militar que había comprado un caparazón de tortuga y piezas de coral. «Llevaba cinco o seis abrigos en mi maleta, pero los aduaneros se los quedaron», dijo otro. El estudio también habla de un coronel al que se le confiscó en la aduana un abrigo hecho con pieles de lobo.

El trabajo incluye declaraciones de militares que explican que es más fácil enviar los artículos a EE.UU. a través del servicio de correo militar, que tiene una vigilancia más laxa que las aduanas. Según los testimonios, los envíos incluyen «montones de pieles de zorros del desierto, con cabeza incluida» así como «lagartos y serpientes disecados».

«Prohibir la venta de productos de especies salvajes en los bazares de dentro de las bases militares sería la medida más fácil y efectiva», señala explica Heidi Krester, coautora del estudio. Aunque su propio estudio reconoce que eso no acabará con el mercado, ya que tras los muros de las bases sigue existiendo una gran demanda, no sólo por parte de militares.

Los investigadores vieron con sus propios ojos cómo cooperantes y empleados de contratas extranjeras compraban artículos ilegales en un bazar de Kabul apodado “la calle del pollo”. En esta calle se contaron hasta 13 pieles de leopardo de las nieves y una de guepardo, ambas especies en extinción.


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