Marta, 22 años: «dejé de comer carne al vivir con Goldie»

El destino de Goldie al nacer era incierto: formaba parte de una camada no deseada.

Fue llevado junto a sus hermanos y hermanas a una perrera y el reloj empezó la cuenta atrás. Sin saberlo, Goldie tenía los días contados a menos que alguien lo adoptase. Y entonces llegó Marta.

«En cuanto vi a Goldie no pude apartar la mirada de él»; «era el más pequeño y triste de todos», nos comenta Marta.

Marta salió de la perrera con Goldie en sus brazos. Podía sentir el corazón del pequeño palpitando en la palma de su mano; su propio corazón estaba desgarrado por los hermanos de camada a quienes no pudo ayudar.

«Al llegar a casa lo bañé y después se quedó dormido en mis brazos»; «en ese momento no era aún consciente del cambio que iba a dar mi vida a consecuencia de vivir con Goldie».

Los meses pasaron y Goldie creció en tamaño y confianza. Los terribles días pasados quedaron atrás y los días por venir iban a estar llenos de juegos, aventuras y amor; pero, además, algo estaba sucediendo; algo de lo que Goldie no era consciente pero sí el responsable: Marta cada vez comía menos carne.

 

«En ese momento no era aún consciente del cambio que iba a dar mi vida a consecuencia de vivir con Goldie».

 

«A los seis meses de vivir con Goldie empecé a cambiar mis hábitos de compra en el supermercado»; «ni siquiera me daba cuenta de ello, pero cada vez compraba más verduras y legumbres y menos carne»; «fue algo completamente subconsciente y se produjo de la forma más natural».

Lo que estaba sucediendo era que, a través de Goldie, Marta había creado un lazo con los animales que hasta ese momento no tenía. De pronto, se estaba dando cuenta de que los animales son seres profundamente emocionales y llenos de ganas de vivir.

 

«Un día vi una noticia sobre un accidente de un camión lleno de cerdos camino del matadero. Había mucha sangre. Algunos cerdos agonizaban en la carretera sin que nadie les ayudase; otros intentaban caminar con sus patas rotas». «Recuerdo que Goldie estaba en el sofá, a mi lado, durmiendo». «En ese momento algo me sucedió; de pronto sentí una enorme tristeza; un terrible peso en mis hombros». «Abracé a Goldie y no pude evitar ponerme a llorar».

«Era como si todos los animales del mundo me pidiesen ayuda porque sabían que había salvado a Goldie y ellos necesitaban ser salvados también».

«Goldie me lamía las lágrimas; no podía parar de llorar»; «encendí el portátil y me puse a buscar información sobre cómo ayudar a los animales en los camiones y en los mataderos». «Así llegué a vuestra website, a la página web de Igualdad Animal».

«Desde entonces dejé de comer carne de cerdo. Luego dejé la de pollo y el resto de carnes. Ahora lo intento con el pescado»; «no puedo seguir participando en la muerte de los animales»; «me lo tomo con calma, no me fuerzo»; «eso lo leí en vuestro facebook», nos dice sonriendo. A su lado, Goldie observa a Marta.

 

 

Su mirada es noble, leal, inocente y llena de amor.

Como la del resto de animales que, sin saberlo, ha ayudado a salvar del matadero por los cambios que ha producido en la vida de Marta.

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