¿Por qué ganadería industrial equivale a maltrato animal?

Para que una vaca dé leche ha tenido que dar a luz a un ternero. Una buena parte de los consumidores ni siquiera son conscientes de este hecho natural. El «mérito» de esta ignorancia es de los millones gastados en publicidad engañosa por las industrias alimentarias.

Estamos viviendo una gigantesca mentira con respecto a los alimentos que nos proporcionan las industrias láctea, cárnica y del huevo.

Volviendo a nuestro ternero perdido, el hecho es que nunca beberá la leche materna, lo hacemos los consumidores. ¿Qué es del ternero entonces? La respuesta se pierde entre las opacas prácticas de la ganadería industrial.

Abastecer la demanda de millones de consumidores se cobra un alto precio en los animales: el peor maltrato animal conocido. Nuestro aterrorizado ternero será separado de su madre al poco de nacer, si es hembra, estará destinada a reemplazar a las vacas que, como su propia madre, queden exhaustas tras ser inseminadas artificialmente una vez al año y convertidas en máquinas de proporcionar leche.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Si, por el contrario, es macho, lo más probable es que sea enviado a una granja industrial de engorde donde vivirá hasta alcanzar el peso adecuado. En ese momento será enviado al matadero.

 

«Para que una vaca dé leche ha tenido que dar a luz a un ternero. Una buena parte de los consumidores ni siquiera son conscientes de este hecho natural».

 

Sea hembra o macho estos pequeños bebés nunca probarán la leche de su madre, menos aún conocerán su protección y cariño. No podrán satisfacer sus instintos naturales de correr, jugar y aprender. Sólo podrán cumplir su destino: proporcionarnos carne y leche a bajo coste.

Porque ese es el objetivo real de la ganadería industrial y la causa de su sistemático maltrato animal. Para abastecernos de carne, leche o huevos baratos los animales viven en condiciones de hacinamiento en granjas industriales sufriendo desde el día que vienen al mundo hasta el día en que son enviados al matadero.

Además, nuestro ternero es solo uno entre los, literalmente, millones de vacas, gallinas, cerdos y demás animales de granja en manos de estas industrias productoras de sufrimiento.

La buena noticia es que es fácil no colaborar en este ciclo de producción de alimentos. Las alternativas vegetales abundan, cada día hay más y, lo único que se requiere de nosotros es que echemos a nuestras cestas de la compra unos productos en vez de otros.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Dejando fuera de nuestra cesta los productos de la ganadería industrial y aumentando el consumo de vegetales y alternativas a la carne, estamos siendo parte de la solución al problema.

Uno de los problemas globales más importantes de nuestros tiempos, que la publicidad de esta todopoderosa industria oculta a los consumidores.

Terneros como el de nuestra historia no seguirán naciendo en las granjas industriales. Y eso es una buena noticia para los animales.

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