Desciende el consumo de carne de pollo, pero la industria sacrifica más animales

En 2019 se sacrificaron en los mataderos españoles 925 millones de animales, 15 millones más que durante el año anterior. Ese incremento se debe principalmente al aumento en el sacrificio de pollos de raza broiler usados para producir carne. Probablemente de los animales más maltratados y abusados. 

El pasado año se sacrificaron en España 716 millones, 21 millones más que en 2018. Una cifra tan elevada que contrasta con el hecho de que el consumo de carne fresca de pollo haya descendido en el último año 0,8%. Según el último Informe de Consumo Alimentario del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, el consumo por persona y año es de 12,37 kilos, una cantidad un 1,9% menor a la ingerida durante 2018.

Sin embargo, la industria del pollo, lejos de adaptarse, busca formas de conseguir más negocio y rentabilidad. La crisis originada por la Covid-19 y el cierre de bares y restaurantes durante el confinamiento ha hecho descender más la demanda, por ello ahora reclaman subvenciones públicas al Gobierno para poder seguir produciendo a la misma velocidad. Dinero que usarían para habilitar la congelación de los animales sacrificados, y continuar fomentando la exportación de todo el excedente. 

La industria del pollo reclama subvenciones públicas para poder seguir produciendo a la misma velocidad.

Pero lo cierto es que los pollos usados para carne han sido seleccionados genéticamente para crecer extremadamente en muy poco tiempo y son sacrificados con tan solo 42 días de vida, cuando ni siquiera han alcanzado la madurez sexual. Un plazo extremadamente corto que posibilitaría adaptar la producción a la demanda. 

El 90% pasan toda su vida dentro de naves, hacinados y nunca ven la luz del sol.

Hay que destacar también las terribles condiciones a las que esta industria somete a los pollos para obtener la máxima rentabilidad; el 90% pasan toda su vida dentro de naves, hacinados y nunca ven la luz del sol. El 27% sufre deformaciones e inmovilidad debido al rápido crecimiento y la mayoría tiene el abdomen abrasado a causa del amoniaco que emana del suelo, que nunca se limpia. Padecen además problemas metabólicos como hipertensión pulmonar, insuficiencia cardíaca o muerte súbita.

Al año mueren en las granjas, antes de llegar al matadero, aproximadamente 110.000 debido a las duras condiciones que soportan. 

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