Miles de turistas se fotografían con un sentenciado a muerte

, La Alberca (Salamanca)

El día 13 de Junio, festividad de San Antonio de Padua, se celebra en La Alberca la suelta de un cerdo, también conocido como garrapato o marrano. Bendecido y colocada una campana a su cuello, el Marrano de San Antón, permanecerá suelto por el pueblo hasta el día 17 de enero, San Antón, día en el que será sorteado.

 
Los encargados de alimentarlo son los propios vecinos, que en muchas ocasiones también lo cobijan en alguna cuadra por la noche. En estos siete meses será engordado hasta los 150 kilos.
 
Solidaridad antropocéntrica.
 
Antiguamente este cerdo era cebado por los vecinos, y después se entregaba a la familia más desfavorecida o pobre o al clero. En la actualidad el cerdo es subastado, previa compra de unas papeletas. La recaudación de estas se destina a obras sociales o a una ONG. Este año lo recaudado por la rifa y muerte de este cerdo será destinado a Cáritas.
 
Manteniendo una tradición de origen medieval.
 
Tradición que tiene sus orígenes en el siglo XV, cuando los judíos conversos trataban de demostrar a la jerarquía católica que, verdaderamente, se habían convertido y que ellos también comían cerdos. Los judíos que se convirtieron, para demostrar su cristiandad, compraban cada año un cerdo, lo engordaban ellos mismos y el día de San Antón, 17 de enero, lo rifaban entre las gentes del pueblo. "Todo lo que obtenían de la rifa lo donaban a la parroquia de La Alberca".
 
Festividad turística para promocionar la explotación animal.
 
La persona agraciada con este "premio" no se lo tendrá que llevar a casa, ya que el vale se canjea por el equivalente en productos elaborados con otros cerdos ya matados.
 
Miles de turistas visitan La Alberca para fotografiarse con el cerdo de San Antón. No hay visitante que se acerque a La Alberca, que no intente fotografiarse con este animal. Tanto el día de la suelta como el del sorteo se celebran festivamente promocionando productos típicos de la zona hechos de cerdo.
 

Podemos imaginar que en lugar de un cerdo se tratase de un perro y que, al cabo de siete meses de convivencia con los vecinos del pueblo, se decidiese matar para consumo humano, como hacen en otras culturas. No habría ninguna diferencia para la víctima, es solamente una cuestión cultural, discriminatoria y arbitraria.

Por otra parte, cada día más gente rechaza el mantenimiento de tradiciones injustas, crueles y mortales como, por ejemplo, la tauromaquia, los encierros de campo, o el mismo Toro de la Vega. Esta, sin duda, es otra tradición injusta.

Dando un paso más, de no existir esta u otras tradiciones con animales, tras el consumo de productos de origen animal siempre hay víctimas: animales explotados y matados. El consumo de animales es tan innecesario e injutso como lo son estas tradiciones. Todos y cada uno de nosotros podemos optar por un mundo mejor, eligiendo el veganismo como estilo de vida, de respeto hacia todos los demás animales.