El asunto de «comer carne hizo que nuestro cerebro evolucionase»

Estás con tu familia (primos distantes de visita incluidos) alrededor de la mesa y de pronto sale el tema de la carne.

Horror. Te quieres esconder bajo la mesa, pero no lo haces. Quisieras estar a mil kilómetros de ese lugar, pero allí estás. Todos te miran, luego miran tu colorido plato lleno de deliciosas opciones sin carne y vuelven a mirarte. Todavía no has abierto la boca, pero la conversación ya gira en torno a tu decisión de sustituir la carne en tu alimentación.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Arroz con verduras y tofu

Escuchas todo tipo de teorías sobre cómo enfermarás y morirás desnutrido, agonizando por la falta de todo tipo de vitaminas y minerales, mientras piensas en la media maratón que acabaste el otro día. Te asombras del enorme conocimiento en alta nutrición que nunca supiste que tuviera tu tío o el marido de tu prima.

Te recriminan que hayas sustituido la carne en tu alimentación. Les explicas amablemente tus razones para ello. Ni caso. Te dicen que los animales están para eso, que siempre se ha comido carne y que ¡qué tontería es ésa de la deforestación de las selvas para convertirlas en pastos que alimenten al ganado! Tu primo segundo hasta niega el calentamiento global.  

Te dicen que mucho pensar en los animales pero, ¿qué pasa con los niños de África? En tu interior piensas que, afortunadamente, ya hay al menos 600 millones de personas vegetarianas en el mundo. Te preguntas si ellas tendrán familias como la tuya y suspiras con resignación.

Entonces sale el argumento que no puede faltar. Lo saca tu hermano o tal vez uno de tus primos, a los que ves una vez al año, o quizás tu tío: «no sabes nada, comer carne hizo que nuestro cerebro evolucionase». Todos se unen a él muy satisfechos, como si fuese la razón definitiva para comer carne y más carne. Solo les falta aplaudir y vitorear.

Mientras, el plato principal ha llegado y tú no puedes dejar de mirarlo en el centro de la mesa.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Lo observas y piensas si ese pobre animal tendría un nombre y si a lo largo de su corta vida alguien le mostraría el mínimo afecto o compasión. Solo puedes recordar el GIF que viste ayer en tu Instagram:

Alguien se ha puesto a trocear al pobre cerdito y los demás ríen con las gracias de Rocco, el perro de la familia. Lo acarician y le dan besos y Rocco les lame las manos muy feliz por ser tan querido. «¿Por qué a Rocco sí, pero al cerdito no?», te preguntas.

«¿Qué demonios significa eso de que la carne hizo que nuestro cerebro evolucionase?», te dices a ti mismo. «Y si eso fue así, ¿qué tiene que ver eso para convertir las vidas de los animales de granja en una pesadilla?».

«Pudiendo elegir alternativas a la carne que generan una cultura sin crueldad y maltrato animal», «¿no será también eso evolucionar?», te acabas preguntando.

Y sigues comiendo tu delicioso arroz con verduras y tofu para el que ningún animal ha tenido que sufrir y morir horriblemente, recordando la primera vez que visitaste la website Gastronomía Vegana y descubriste todo un nuevo mundo de deliciosos sabores. Qué alivio fue para ti poder alinear tus valores y sentimientos hacia los animales con tu manera de alimentarte, ¿eh?.