Matanzas clandestinas; sufrimiento animal y riesgos para la salud

Con la llegada del frío acaba de comenzar la temporada de matanzas de cerdos domiciliarias en España. La legislación exige que se pida un permiso, se realice un control veterinario y se aturda al animal antes de matarlo para evitar su sufrimiento. Pese a estas exigencias, las matanzas clandestinas continúan produciéndose aunque se desconoce su número. El pasado invierno uno de estos sacrificios carente de control sanitario originó el mayor brote de triquinosis en siete años que se saldó con 17 afectados en Ciudad Real y Madrid.

El aturdimiento de los cerdos en las matanzas domiciliarias se realiza en muy pocas ocasiones. Los cerdos que no lo reciben padecen un enorme sufrimiento tanto en el traslado, la sujeción, el sacrificio y desangrado.

La legislación europea que regula el sacrificio de animales para consumo exige que sean aturdidos, es decir, deben estar completamente inconscientes en el momento de su ejecución para evitarles el mayor sufrimiento posible. Sin embargo, esta ley permite algunas excepciones basadas en la tradición religiosa como el sacrificio Halal y Kosher que mantienen al animal completamente consciente. En España, este tipo de mataderos han proliferado y suponen un lucrativo negocio. En 2008 había 25 y actualmente se cuantifican más de 100.

La última investigación de Igualdad Animal, realizada en México, muestra cómo los sacrificios de los corderos se realizan en mataderos clandestinos y patios traseros donde no se respetan ni las normas de protección animal, ni de salud pública. 

Esta investigación, realizada en el estado de México e Hidalgo, demuestra que existe una violencia sistemática tanto en el transporte como en el manejo de los animales. Las imágenes también exponen el incumplimiento de las leyes para el sacrificio y las directrices para el tratamiento humanitario durante el transporte. 

Los corderos son arrastrados por sus extremidades y sacrificados violentamente, están completamente conscientes y atados mientras son decapitados. En algunos casos los menores presencian las muertes, e incluso las llevan a cabo.