Monos salvajes para medir la radiactividad en Fukushima

, Fukushima

Investigadores de la Universidad de Fukushima han comenzado a utilizar a macacos japoneses para determinar los niveles de radiactividad en el perímetro afectado por las fugas de la central nuclear de Fukushima Daiichi.

Las tierras altas, al oeste de Minamisoma y a unos 25 kilómetros de la planta de Fukushima Daiichi, es el hogar de decenas de familias de monos salvajes. Los monos, equipados con collares de medición de la radiación y un sistema GPS que registra la distancia del animal al suelo, se adentran hacia la profundidad del bosque, donde resulta difícil el acceso para los seres humanos, tomando de este modo información sobre el grado de contaminación ambiental. Después de realizar un seguimiento a los monos durante uno o dos meses, los investigadores capturan a los animales y recolectan los datos.

Según Takayuki Takahashi, profesor de robótica en la Universidad de Fukushima, e investigador principal del equipo, “aunque las condiciones de radiación en el bosque han sido estudiadas desde el aire, hay una escasez de datos sobre lo que se percibe en el suelo, en contacto con la vida silvestre”.

La investigación llevada a cabo con estos primates pretende revelar los efectos a largo plazo de la radiación en animales, así como la forma en la que ésta se propaga en el bosque, transfiriéndose desde las plantas hasta los animales y viceversa. También quiere arrojar luz sobre el tema poco estudiado de la exposición a la radiación interna, mediante el estudio de las consecuencias del consumo de animales contaminados por la radiación de plantas u otros animales dentro de la cadena trófica. De acuerdo con el Sr. Takahashi, “A medida que la radiación avanza desde el bosque hasta el mar, es importante establecer una línea base de conocimiento para ver cómo afecta a los seres humanos y animales a largo plazo”.

Las investigaciones preliminares se llevaron a cabo en octubre y el equipo está tratando de implementar el proyecto a principios de febrero. El Sr. Takahashi prevé que el estudio tendrá una duración de entre 5 y 10 años, aunque se espera que continúe más allá de ese plazo para hacer un seguimiento a fondo de los efectos del Cesio 137, que tiene una vida media de 30 años.

En un primer momento se utilizará a dos o tres monos para el estudio, añadiendo otros posteriormente. También se prevé el uso de jabalíes para esta tarea conforme avance la investigación.

La radiactividad provoca sobre los animales efectos agudos en poco tiempo, como malestar, quemaduras en la piel, caída de pelo, diarreas, náuseas o vómitos. De forma acumulada, puede causar problemas de salud mucho más graves a largo plazo, sobre todo leucemia y cáncer de tiroides. También provoca alteraciones genéticas o mutaciones en la descendencia de los individuos afectados. El especismo de nuestra actual sociedad resulta muy evidente en situaciones como ésta: los animales no humanos son utilizados para comprobar los efectos adversos de la radiactividad mientras los seres humanos son desalojados de la zona de peligro. El protocolo de evacuación en caso de fugas en centrales nucleares no tiene en cuenta que existe un número incalculable de individuos que también deberían ser ayudados en caso de peligro y que, al igual que nosotros, no quieren sufrir en sus cuerpos los efectos de la radiactividad. Más aún, los individuos que están siendo utilizados con fines experimentales para beneficio humano, como los de este caso, sean macacos, jabalíes, ratas, etc., libres o mantenidos en laboratorios, sufren siempre injustamente el miedo, el dolor y la muerte. Estos macacos, quizás tengan complicaciones en su entorno natural debido a su manipulación, captura, estrés, dificultades por dispositivos artificiales incorporados y posibles desequilibrios sociales en su grupo. Los macacos japoneses son conocidos por su gran inteligencia, sus fuertes y emocionales lazos sociales y afectivos y el hábito que tienen de calentarse en aguas termales en los fríos inviernos.


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