La carne de conejo proviene de granjas sin leyes específicas

Según un informe de la Comisión Europea de Agricultura y Desarrollo Rural, no existe ninguna reglamentación específica de la Unión Europea con normas mínimas para la protección de los conejos en las granjas.

A pesar de que cada vez más consumidores piden claridad a las industrias alimentarias y normativas que impidan la crueldad y el maltrato, estos sensibles animales están desprotegidos.

Al no existir normativas específicas para las granjas de conejos, se producen prácticas aberrantes que se convierten en la norma. La investigación que llevó a cabo Igualdad Animal en 2014 puso la alerta sobre un sector ya de por sí en declive.

 

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Entre los hallazgos de la investigación se cuentan la matanza de los animales enfermos a golpes con barras de hierro o el confinamiento en jaulas por el cual desarrollan tendencias caníbales, amputándose orejas y patas.

El 99,9% de la carne de conejo proviene de granjas en las que los animales pasan toda su vida en jaulas. Las conejas madre son inseminadas artificialmente. En las granjas de engorde nacen los gazapos. Cada madre da a luz una media de nueve gazapos, de los cuales hasta un 5-10% del total mueren durante los primeros días o son desechados. El ciclo de reproducción de las madres es de nueve partos, llegando a vivir entre un año y año y medio. Madre e hijos comparten jaula hasta que a los 21 días se desteta a las crías, que pasan a las jaulas de engorde, en donde permanecerán hasta llegar a los 2 kg. En cada jaula conviven diez conejos de engorde. A los 60 días alcanzan 2 kg de peso: en este momento son enviados al matadero.

En España se consume 1,2 kg de carne de conejo por persona y año, pero el consumo experimenta un continuo descenso. Aun así, España es el segundo productor de carne de conejo en la Unión Europea, por detrás de Francia.