El nieto del carnicero que dejó de comer carne y se hizo defensor de los animales.

A sus 44 años, Sebastien Ársac recuerda perfectamente cuando, de niño, iba a la casa de su abuelo (el carnicero del pueblo) y le veía matar a cerdos para preparar la comida familiar.

Esos hechos, aunque no del todo comprendidos por su mente infantil, se quedaron en su memoria y fueron cobrando más sentido con el pasar de los años.

 

«Podía ver bien el comportamiento del animal: cómo se resistía a morir, cómo gritaba y usaba su fuerza para evitarlo y creo que esta reacción fue lo que me impactó».

 

No fue sino hasta que llegó a la veintena que se preguntó a sí mismo por primera vez por qué seguía comiendo carne: «Yo estaba contra las corridas de toros, pero comía mucha carne. Me di cuenta de que no era una necesidad nutricional para estar saludable y de que carecía de coherencia protestar contra la tauromaquia si luego iba a ir al supermercado a comprar la carne que otra persona había matado para mí».

 

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Tras empezar a alimentarse de forma vegetariana reflexionó sobre cómo podría ayudar más a los animales de granja, lo cuales son los más maltratados del mundo.

Y fue así como junto a su pareja, Brigitte Gothière, fundó la organización L214 y desde el principio determinaron que sus esfuerzos los concentrarían en trabajar por los animales de granja. «Es la prioridad. En Francia, se matan mil millones de animales de granja cada año. Eso supera cualquier otra actividad, ya sean las pruebas de laboratorio o las corridas de toros», explica Ársac.

También tenía muy claro que para animar a las personas a reducir o eliminar su consumo de carne debía mostrarles en qué forma esta había llegado a su mesa.

La quincena de videos que la organización lanzó a la luz en menos de año y medio indignaron a la sociedad francesa. En ellos se mostraban a vacas, cerdos, pollos, caballos y otros animales hacinados, matados a golpes o al tirarlos contra la pared y hasta descuartizados vivos.

Los maltratos captados por las cámaras de la organización tuvieron tal impacto que el propio ministro de agricultura ordenó que fueran inspeccionados los 960 mataderos que hay en el país. También lograron que el parlamento francés aprobara la instalación obligatoria de cámaras en más de 250 mataderos de todo el país para evitar maltratos.

Otra investigación que muestra las terribles condiciones en las que viven las gallinas enjauladas consiguió que dos de las mayores cadenas de supermercados del país (Monoprix y Carrefour) dejarán de vender huevos procedentes de este tipo de granjas. Esto fue un gran logro ya que Francia es el mayor exportador de huevos en toda Europa.

A pesar de su atrocidad, muchas de las actividades que muestran en sus investigaciones están permitidas por la ley y son prácticas habituales en los mataderos de cualquier país del mundo. Es por esto que la organización apuesta por un cuestionamiento de nuestros hábitos de consumo más allá de lo que es legal o no.

«Es más fácil difundir nuestras investigaciones cuando incluyen actividades ilegales. Pero nuestro objetivo es que la gente se cuestione la existencia de los mataderos en sí misma. Hay una creencia de que la normativa ha evolucionado, que todo está muy controlado y de que hoy en día se puede matar animales alegremente», explica.

 

Fuente: http://www.bbc.com/mundo/noticias-39078943