Industria porcina española: un desastre medioambiental y de maltrato animal

España

La industria de la carne de cerdo en España es poderosa; muy poderosa. Tanto, que se ha convertido en el tercer exportador de porcino del mundo, tras China y Estados Unidos.

Un informe en profundidad de Food & Water Europe revela los entresijos de una industria que ha pasado de los métodos tradicionales a los intensivos a costa del bienestar de los animales y de la contaminación de acuíferos. Aquí puedes leer el informe al completo.

En 2015 España superó a Alemania y Dinamarca como principal exportador de porcino. A nivel nacional, la producción de esta industria supone un porcentaje elevado de todo el sector ganadero: el 37%.

 

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Pero el coste medioambiental y de maltrato animal es más elevado aún. Los animales se concentran en grandes naves, siguiendo métodos de la ganadería industrial que se empezaron a desarrollar en los años 60.

 

 

Según el informe de Food & Water, «en la actualidad la industria del porcino está controlada por grandes empresas integradas verticalmente que proporcionan el pienso, los animales, las normas y los estándares de producción, mientras que los ganaderos engordan y crían los animales para venderlos a un precio previamente fijado.»

 

 

 

 

Granja industrial de cerdos

 

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Cada vez hay menos granjas, pero en ellas hay cada vez más animales en condiciones de hacinamiento. En 2015 el censo de cerdos era de 28,3 millones. La mayoría de estos animales, tan sensibles e inteligentes como nuestros perros y gatos, viven siempre en el interior de las naves, sin acceso al exterior y sin ver la luz natural.

 

«Imaginemos 23 estadios de fútbol llenos de purines; esa es la cantidad de purines que los 28 millones de cerdos de la industria porcina generaron en España en 2015.»

 

Los problemas asociados a este método industrial de cría son de diversa índole. Como es obvio, en primer lugar las condiciones de vida suponen un gran sufrimiento para los animales. Sin espacio para moverse libremente ni estímulos sensoriales, su vida se limita a engordar hasta que son enviados al matadero, más o menos a los seis meses de vida, cuando alcanzan el peso exigido por el mercado.

 

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Como método estandarizado, al poco de nacer, a las sensibles y desprotegidas crías se les corta el rabo, los dientes y, en el caso de los machos, los testículos. Todo ello sin anestesia. En el caso de los dientes, el brutal corte se produce para evitar que los usen al competir por mamar. El rabo les es seccionado porque las condiciones extremas de hacinamiento les frustran, desarrollando comportamientos antinaturales como canibalizar el rabo de sus compañeros. En el caso del corte de los órganos reproductores, el motivo es para evitar que los animales segreguen determinadas hormonas que hacen que el sabor de su carne no sea el preferido por los consumidores.

 

«A lo largo de todo el país se suceden las filtraciones y vertidos ilegales relacionados con la gestión de los purines de la ganadería industrial de porcino.»

 

A nivel medioambiental las consecuencias de la concentración de la producción en granjas industriales son desastrosas.

Las enormes cantidades de purines producidas en las más de 87.000 granjas de cerdos a lo largo de nuestra geografía se acumulan en las denominadas «balsas». Estas enormes pozas en el exterior de las granjas acumulan todos los excrementos de los cerdos.

Para hacernos una idea de la enorme cantidad de residuos potencialmente tóxicos generados, imaginemos 23 estadios de fútbol llenos de purines; esa es la cantidad de purines que los 28 millones de cerdos de la industria porcina generaron en España en 2015; y pensemos que el número no para de crecer.

«A lo largo de todo el país se suceden las filtraciones y vertidos ilegales relacionados con la gestión de los purines de la ganadería industrial de porcino», revela el informe de Food & Water. Las denuncias e investigaciones policiales se cuentan por docenas. La situación ha llegado a tal extremo que en determinadas localidades donde se concentran las granjas la población ha sufrido cortes de agua potable al filtrarse los purines a los acuíferos.

 

 

Otro abrumador dato revelado por Food & Water es que los cerdos de todo el país generan más excrementos que los 46,5 millone de personas que vivimos en él.

¿Qué se hace con tal cantidad de purines? Normalmente es usado como fertilizante para campos de cultivo agrícola. Pero es común el uso excesivo, para intentar optimizar las cosechas. Esto genera otro problema más: cuando se sobrefertiliza los campos se excede la capacidad del suelo para absorver los nutrientes. Esto hace que nitrógeno, fósforo y bacterias lleguen a acuíferos y ríos.

Así, en 2015, el Gobierno de Aragón, una de las principales zonas de concentración de granjas porcinas, emitió 61 incidencias oficiales sobre la calidad del agua por exceso de nitratos.

 

Balsa de purines de una granja de cerdos de Cataluña.

 

En Cataluña, otra zona tradicionalmente productora y altamente industrializada en porcino, la contaminación por nitratos supera el límite legal en el 41% de los acuíferos y hasta 142 municipios tienen problemas para acceder al agua. Así, el Gobierno catalán se ve obligado a destinar una partida de 6 millones de euros al año para abastecer a la población afectada de agua potable.