¿Es la carne el nuevo tabaco?

En 1999 las principales empresas tabacaleras de Estados Unidos fueron condenadas a pagar más de 200.000 millones de dólares por haber pasado más de tres décadas manipulando pruebas, engañando y ocultando los resultados sobre la adicción al tabaco y las enfermedades que causa.

Los lobbies tabacaleros fueron parcialmente derrocados y se generaron nuevas políticas en las instituciones para intentar atajar la dependencia al tabaco de millones de personas.

Ahora, casi dos décadas después, son la industria cárnica y sus poderosos lobbies los que empiezan a estar en el punto de mira. Tras el histórico informe de 2015 de la Organización Mundial de la Salud vinculando a las carnes procesadas y las carnes rojas con el cáncer se está produciendo un efecto que recuerda al que en su día se produjo con la industria tabacalera.

En el caso de la industria cárnica, además de la salud de los consumidores también está en juego el futuro del planeta y de todos los que habitamos en él. La industria de la carne es una causa principal en los problemas medioambientales globales que padecemos. Cada vez más estudios muestran la incidencia del consumo de carne en la deforestación de selvas, sequías y cambio climático.

Así gobiernos como los de Reino Unido y Suecia están enfrentándose a los lobbies de la carne que llevan décadas influenciando las políticas nutricionales de los gobiernos. Esta misma semana se conocía que el Gobierno holandés acaba de recomendar reducir el consumo de carne drásticamente en base a la salud y el medioambiente.

Por su parte, ya en 2009 el Gobierno sueco recomendaba reducir drásticamente el consumo de carne por motivos de salud y sostenibilidad.

En 2015 fue Reino Unido quien publicó unas recomendaciones nutricionales a nivel nacional aconsejando sustituir la carne y lácteos por sus alternativas basadas en vegetales.

En cada una de estas pioneras decisiones los lobbies de la industria cárnica salieron a la luz expresando su desacuerdo y «preocupación» por medidas cuyas motivaciones no son otras que la salud de la sociedad y el futuro del planeta.

En 1999 la industria tabacalera comprobó que no era intocable y vio cómo las instituciones empezaban a realizar campañas para que la sociedad dejara un hábito que estaba mermando su salud. ¿Veremos en los años venideros cómo la industria cárnica dejará de contar con la permisividad de los gobiernos?

¿Generarán Suecia, Reino Unido y Holanda un efecto dominó?

Por el bien de nuestra salud, del planeta y de los animales atrapados en inhumanas granjas y mataderos, esperemos que así sea.