Ángela, 23 años: «dejé de comer carne cuando vi vídeos de mataderos»

Ángela lee las noticias en la pantalla de su móvil mientras come en un descanso en el trabajo. Como tantas otras personas de su edad, se siente preocupada por su situación laboral, por la violencia que día a día ve en los periódicos y por el calentamiento global que está destruyendo el planeta.

Ángela da un mordisco a su sándwich mientras ve un vídeo sobre granjas industriales y mataderos. Una compañera le pregunta, «¿de qué es tu sándwich?». «De hummus y tofu a la plancha», responde Ángela.

Hace seis meses Ángela descubrió en una noticia cómo se produce el foie gras. Quedó horrorizada. Tras eso, empezó a ver vídeos y leer noticias sobre cómo se producen a día de hoy nuestros alimentos. Cuando descubrió la vinculación entre el consumo de carne y el calentamiento global el corazón le dio un vuelco.

Ángela vive con su gato, Mingo, al que adoptó en una protectora. Desde niña le encantaban los gatos y se declara amante de los animales y antitaurina.

La compañera de trabajo observa a Ángela comiendo su sándwich. Hay curiosidad en su mirada: «¿está bueno el tofu ese?». «Sí. A mí me gusta a la plancha con cebolla y pimienta».

El vídeo sobre granjas industriales y mataderos termina. Ángela no puede evitar que una lágrima resbale por su mejilla. Se seca las lágrimas con la mano intentando que nadie se dé cuenta. El vídeo le ha quitado el apetito, así que guarda lo que queda del sándwich. En los últimos seis meses Ángela ha cambiado algunos de sus hábitos alimenticios.

Tras el vídeo del foie gras empezó a comer menos carne. Luego, al llegar a casa del trabajo, se descubría a sí misma observando a Mingo. Se empezó a hacer una pregunta que nunca antes se había hecho: «¿por qué quiero tanto a Mingo pero como la carne de otros animales?».

Al principio se contestaba diciéndose que los animales que nos comemos están para eso, mientras que Mingo es un gato. Sin embargo, cuanto más veía vídeos de adorables cerditos, vacas, gallinas y animales de granja en libertad, menos le apetecía comer carne.

Finalmente y casi sin darse cuenta, Ángela dejó de echar productos cárnicos a su carro de la co  mpra. Un día unas amigas fueron a visitarla a su casa. Mientras hablaban una de ellas se dirigió a la nevera para picar algo. Abrió la puerta y empezó a buscar con la mirada: «Ángela, ¿qué es todo este tofu, hummus y hamburguesas vegetales?». Fue en ese momento cuando Ángela se dio cuenta de que había dejado de comer carne.

El descanso acaba y Ángela se prepara para volver al trabajo. «¿No echas de menos el jamón?», le pregunta su compañera. Ángela le mira a los ojos y sonríe, «no, ya no», contesta de manera amable y decidida.